Los Sueños y las fases de Conciencia

30 sept. 2010

Si tenemos en cuenta que dormimos unas ocho horas diarias, nos daremos cuenta que pasamos durmiendo una tercera parte de nuestra vida, es decir, que a los sesenta años habremos perdido unos veinte sin hacer nada, simplemente tumbados en la cama. Pero este tiempo que pasamos durmiendo es muy importante para nosotros.

El médico nos recomienda dormir ocho horas para recuperarnos de la actividad que realizamos durante el día, para regeneración celular, cerrar heridas y en definitiva para conservar la salud.

Sin embargo, un fisiólogo especializado en el estudio del sueño, nos dirá que con unas tres horas es más que suficiente para dicha recuperación física. Pero el resto del tiempo no es un tiempo perdido, lo dedicamos a soñar. Es tan o más importante que el que utilizamos en la recuperación de nuestro cuerpo. Sirve para reorganizar nuestra consciencia.


La consciencia: Consciente, Subconsciente e Inconsciente.

En la Antigüedad todo lo desconocido o lo que no se podía explicar se le atribuía a Dios. Actualmente, todo lo que no se puede explicar de nuestra vida psíquica se le atribuye al inconsciente.

Significado de los sueños
Hoy en día, no se sabe muy bien dónde empieza y dónde termina el inconsciente, pues consciente, subconsciente e inconsciente son divisiones más o menos reales.

El ejemplo más usado para representar la conciencia es con un iceberg:

La parte que sobresale por encima de las aguas sería el consciente. Y lo que permanece oculto es el inconsciente. El subconsciente sería aquella parte del inconsciente que se halla en contacto con el consciente.

· El consciente: Lo que ahora tenemos en la mente. Utiliza la razón y el intelecto como instrumentos y el cuerpo físico y sus cinco sentidos como vehículo de expresión. 

· El inconsciente: Lo que ahora tenemos olvidado fuera de la mente. Utiliza la consciencia emocional como instrumento y el cuerpo astral como vehículo para desenvolverse en él. 

· El subconsciente: Lo que ahora no tenemos en al mente pero “casi” lo está y podemos acceder a ello con facilidad.

El Inconsciente

Todo cuanto hacemos durante el día es almacenado en la conciencia, y no olvidamos absolutamente nada. Prueba de ello es que mediante la hipnosis se puede recordar hasta el más mínimo detalle y hecho de nuestra vida. Si entramos en una habitación y nos piden que describamos lo que hay detrás de nosotros, poco podríamos decir que nuestros sentidos físicos y nuestro consciente hubiera percibido. Ahora bien, si nos hipnotizaran diríamos hasta el más mínimo detalle de lo que hay en la habitación con una fiabilidad absoluta. Ésa facilidad de captación la tenemos TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS sólo que para su comprensión sería mucho más útil que fuera traída a nuestro consciente para su integración. Pero este almacenamiento es automático e indiscriminado, por lo que en otro momento deberemos proceder a su “clasificación y archivo” en el lugar correcto de nuestra conciencia. Esto se realiza cuando soñamos.

Por ejemplo, cuando queremos guardar una ficha en un archivador, tenemos que remover todo las fichas del mismo tipo y colocarla en el lugar exacto. Y en nuestra conciencia ocurre lo mismo, pues para “archivar” un hecho, una palabra, un sentimiento deberemos remover -es decir, actualizar- el mismo tipo de hechos, palabras o sentimientos que ya estaban “archivados”, o sea, aparentemente olvidados, enterrados en el fondo del inconsciente. Todo esto ocurre mientras dormimos, y también explica porque hay palabras y acontecimientos que nos afectan mucho más profundamente que otros, pues al archivarlos hemos de remover heridas de nuestra alma que no cicatrizaron.

Todo esto y la regeneración celular ocurre preferentemente por la noche, aunque ambas funciones se dan durante todo el día. Por eso como dice Jung:

“... en el fondo existen muy pocos momentos en que somos realmente conscientes... por el contrario, el inconsciente es un estado constante, duradero... mientras escuchamos, hablamos, leemos, nuestro inconsciente sigue trabajando aún cuando no nos demos cuenta.”

Extracto de "El Gran Libro de los Sueños" de Emilio Salas

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