La Autocuración. Preparándonos para el Cambio

10 nov. 2010

La Autocuración. Preparándonos para el Cambio 

Agua y luz solar, las dos fuentes de energía básicas para mantener la salud.
Algunas señales indican un cambio evolutivo, que podría ser un salto, si tenemos en cuenta que algunos sucesos radicales podrían aventurarse en los próximos años para la humanidad.
Dentro de esos cambios, podríamos incluir la práctica del humano en la autocuración.

Seríamos llevados a esa tarea por la caída inminente de la credibilidad en la medicina oficial, y en el colapso evidente de los sistemas de salud.
Sabemos que la medicina oficial está basada en un gran negocio. A las grandes industrias multinacionales les resulta un peligro que estemos sanos. Necesitan que enfermemos para poder seguir existiendo.
Teniendo en cuenta que la farmacopea es una de las industrias más poderosas del mundo, podemos medir el nivel de enfermedad en el que nos mantienen.

La autocuración surge también por la expansión de la conciencia humana, la que le ayuda a redescubrir sus propios poderes, que incluyen los poderes de la Tierra, ya que ésta es parte de nuestro ser: somos sus simbiontes.

El planeta Tierra contiene todo lo que necesita un cuerpo enfermo para curar, y es más: ella necesita que estemos sanos para mantener su equilibrio en la biota, por lo que pone a nuestra disposición todo lo necesario para nuestra armonía.
Es tal el poder de la Tierra, que todas las religiones se han ocupado de eclipsarlo. La inquisición quemaba a las mujeres beguinas, que atesoraban la sabiduría de cómo curar con la medicina y las energías telúricas.

Todos nuestros ancestros adoraban a la Madre Tierra como ser primordial, dadora de vida. Pero las religiones necesitaron abolir todo ese conocimiento y trasladar la adoración al hombre.
Sistemáticamente nos impusieron adorar a seres no naturales, alejándonos para siempre de la inteligencia y el poder de la Tierra.

El reciente descubrimiento de la fotosíntesis humana por el Doctor Arturo Solís Herrera, nos deja bien en claro que el cuerpo humano necesita básicamente de dos elementos para subsistir: luz solar y agua.
Todo tratamiento de una enfermedad, debería comenzar por aplicarle al cuerpo buenas dosis de luz solar y beber cantidades mayores de agua.

Como bien dijo Solís Herrera en el último Congreso “Vida Después de la Vida” en la ciudad de Albacete, “los alimentos nos proporcionan el material que construye nuestro cuerpo, como lo que necesitamos para hacer órganos, pero la energía que necesitamos para que ese cuerpo viva, viene de la reacción que hace la melanina del agua y la luz solar”.

Es decir que los alimentos, si bien nos proporcionan algo de energía, en realidad sirven para crear “la materia” del cuerpo, son los ladrillos de su constitución, pero la energía que alimenta esa vida nuestra, proviene del sol y del agua.
Una enfermedad es un desequilibrio energético, en general, el cuerpo tiene menos energía o no la está procesando armónicamente.

Por  lo que si estás enfermo, primero pregúntate si estás bebiendo suficiente agua (no líquidos, sino agua pura), y si estás exponiéndote a la luz solar con suficiente regularidad. Las dosis mínimas que necesita el cuerpo son 10 minutos diarios de exposición en el rostro y en la palma de las manos, aunque la luz solar puede beneficiarnos exponiendo todo el cuerpo.

En la vida moderna y citadina que vivimos, estoy segura que muchos ni siquiera se exponen al sol las dosis mínimas de subsistencia.
Las enfermedades son códigos de información y su proceso tiene que ver con el ritmo. Una de las formas más efectivas de enfrentar una enfermedad es alterar su ritmo.

Para que una enfermedad aparezca en tu cuerpo, antes debió basarse en un caldo de cultivo: una rutina que hayas venido haciendo en el tiempo. Para desestructurar el ritmo que necesita la enfermedad para seguir destruyéndote, debes cambiar tu rutina.
Si por ejemplo te venías levantando todos los días a las ocho, cambia y levántate ahora todos los días a las siete o a las nueve. Cambia de un día para el otro tu dieta, comienza a comer algo distinto. Intenta cambiar tus horarios, en definitiva toda tu rutina diaria.

Con este acto, alterarás la estructura básica en la que se generó la enfermedad (el código de información ya no tiene de dónde asirse).
Luego, averigua el origen emocional de lo que te está afectando. Pues toda enfermedad es debida a un shock emocional. Si es un virus, debes conseguir reforzar tu sistema inmunológico, inmediatamente activar a tus propios fagocitos para que se devoren a los invasores. Esto se logra con grandes dosis de risas y estados de felicidad.
Si logras encontrar el origen emocional (hay mucha literatura que puede ayudarte, o también las conferencias de Vicent Guillén, que estará dando una conferencia gratuita el Sábado 4 de Diciembre en la ciudad de Hellín (Albacete)), puedes comenzar a desestrucurar el mismo origen del desequilibrio.

Si por ejemplo recientemente has experimentado una situación que emocionalmente te provocó enojo o miedo, es posible que la enfermedad sea consecuencia de este shock. A veces un enojo intenso y reprimido, o un miedo que escondemos porque no nos deja en paz.

También puedes buscar en eventos de la niñez, que muchas veces se activan en el presente porque estuviste atravesando estímulos que desencadenaron el “recuerdo celular” de ese impacto inicial.
Para las sintomatologías más molestas, como el dolor, el picor, o la inflamación, no recurras a un médico: usa la medicina natural, usa las plantas y los minerales, mientras descubres el origen de la enfermedad.

La inflamación por ejemplo, es el paso previo a un problema que puede convertirse en crónico, por ello, es el último aviso que te da el cuerpo para que detectes el origen de la inflamación. Las enfermedades son las reacciones del cuerpo a los problemas emocionales, y el cuerpo cuando decimos que está “enfermo” en realidad está tratando de resolver esas manifestaciones emocionales. El cuerpo las “ataja” y las procesa.

Muchas enfermedades se van solas, si sólo dejamos que el cuerpo se encargue de ellas. Está programado para ello. Incluso el cuerpo puede resolver problemas mentales y emocionales, si lo dejas actuar con su increíble sabiduría de millones de años de evolución. Pero solemos interrumpir el proceso, tomando a la enfermedad desde una perspectiva errada: la inflamación de una zona del cuerpo indica que éste ya se está encargando del tema.

La intensidad del dolor tiene que ver con tu percepción de la realidad.
El problema es el dolor. A veces se hace realmente insoportable. El humano en la antigüedad, gestionaba mucho mejor el dolor que el hombre actual, porque su mente no estaba contaminada por ideas religiosas que lo consideraban como un “castigo de los dioses”. A tal punto que la Inquisición quemaba a las beguinas sólo por el hecho de brindar brebajes de plantas a las mujeres parturientas para que iniciaran el parto con menos sufrimiento: “Parirás con dolor”, dejaba la sentencia de la iglesia católica por los siglos de los siglos. Otra más de las perversiones inhumanas de la religión católica.

Hay que tener en cuenta que el dolor puede tener distintos grados según la percepción de la realidad que tengamos en el momento en el que se produce. El nivel de intensidad del dolor, depende de cómo estemos percibiendo la situación. El miedo lo intensifica, la relajación lo adormece. El dolor crónico es considerado por los especialistas un síntoma somático y un mecanismo de defensa frente a conflictos, una forma de manifestación asociada al fracaso o las necesidades, al afecto o a una conducta resignada frente a la falta de defensa, una reacción ante la monotonía. Por ello, el dolor tiene mucho más que ver con nuestra cultura que con nuestro cuerpo físico.
Siguiendo con las enfermedades, el efecto placebo demuestra que el poder curativo está en nuestra percepción de la realidad, más allá de la realidad objetiva.

He conocido a la bella Kim Phuc, la niña vietnamita que fue quemada con el napalm, hoy Embajadora de la Paz por la UNESCO. Tuve el honor de compartir con ella algunas comidas y unos días de hotel, en los que me contó muchas experiencias con el dolor. Desde los nueve años que viene soportando el dolor de las quemaduras bajo su piel. Un dolor inexpresable con palabras.  Fue operada ya 18 veces. Sin embargo Kim ha aprendido a gestionar el sufrimiento que le producen las quemaduras y lo hace con la mente. No puede desembarazarse de él, pero sí puede quitar completamente la ATENCION de su conciencia sobre éste, y así “olvidar” de a ratos su existencia.
El dolor nos llama, ponemos nuestra atención en él, y así se incrementa y se sostiene en el tiempo. Piensa que además, el dolor físico casi siempre produce miedo.

Pues estamos cambiando ya la percepción del dolor, su verdadero significado es que si hay dolor, es porque el cuerpo se está encargando de solucionar un problema. Ya está trabajando en ello, así que no debemos temer, y debemos confiar en la sabiduría de nuestro organismo.
Una vez alejado el temor, y basándonos en la confianza en este diseño maravilloso que tenemos por vehículo, podemos entender que el cuerpo está justamente diseñado para autocurarse, y debemos respetar sus procesos una vez que éstos han comenzado la secuencia.

Conozco mucha gente que va al dentista y se somete a los tratamientos sin anestesia. ¿Cómo lo hacen?, bueno, controlan su mente, se autoconvencen de que no les dolerá. Esto es posible y requiere mucha práctica. No es fácil lograrlo, pero sí es algo posible y real.
Cuando sentimos dolor, enseguida lo asociamos con un significado. Es ese significado que le damos el que marca su intensidad.

No podemos pensar en salud, si no bebemos agua suficiente y no nos ponemos al sol. Pretender curarnos sin estos dos elementos, es una quimera. Necesitamos estas dos fuentes de energía en su justa medida y a diario, como “primeros auxilios” frente a las enfermedades. El agua y el Sol, nos dotan de la energía que sustenta nuestra vida.

Luego tenemos que exponernos a la ionización negativa, para fortalecer nuestro sistema inmunológico (respirar  y bañarnos cerca de las fuentes de agua en movimiento). Los iones negativos son indispensables para la salud física y mental, y la mayoría de nosotros ni siquiera sabemos que existen. En las costas marinas, en las cascadas de agua y en las zonas de alta montaña, el aire contiene grandes dosis de iones negativos que fortalecen nuestro sistema inmunológico y son los mejores antidepresivos que se conocen. También se absorben por ósmosis, así que los baños de mar son ideales, además de los oligoelementos que podemos captar de las aguas marinas. Teniendo en cuenta que un estado de felicidad es el mejor remedio para casi todas las enfermedades, agreguemos a los iones y al agua de mar en la lista:

-Beber agua.
-Tomar sol.
-Respirar iones negativos.
-Bañarse en el mar.
-Desestructurar la rutina que se llevaba hasta el momento de adquirir los primeros síntomas.
-Cambiar la sensación de miedo por una de confianza absoluta.

Una de las fórmulas que pueden ayudar a sobrellevar el proceso de una enfermedad es escribir todo en un diario. Este proceso ayuda a concientizar y a bajar al papel los pensamientos y las emociones y tener otra perspectiva de la situación.

Escribir, una forma de desestructurar el proceso.
Así sea un malestar físico, emocional o mental, el acto de escribir es de una gran ayuda. El primer capítulo debería comenzar con una lista de lo que haces, tu rutina diaria. En una columna, la hora de despertar, lo que desayunas, lo que almuerzas, en qué vehículo te trasladas al trabajo, lo que haces al llegar de vuelta a casa, a qué hora cenas y qué, dónde duermes y a qué hora te vas a dormir.

Esta lista es de suma importancia, porque estarías describiendo el caldo de cultivo, la matriz que está utilizando la enfermedad para apoderarse de tu cuerpo.
En otra columna comienzas ahora a desestructurar. Cambias la hora de despertar, cambias el desayuno, en vez de ir en metro te vas en bus, cambias hasta tu ropa.
Cuanto más detallada sea esta lista, más control podrás tener para realizar los cambios. Cambia hasta los zapatos. Cámbialo todo.

Luego puedes seguir escribiendo sobre lo que sientes, explorar tus pensamientos, intentando atraparlos en el papel. También escribe sobre la gente que sueles frecuentar, intenta cambiar completamente tu medioambiente. Si no hay  plantas en tu casa, comprar unas cuantas y rodéate de ellas. Adopta una mascota, si está en tus posibilidades.
Todos estos cambios no sólo te llevarán a desestructurar el código informático de la enfermedad, también te guiarán hacia una actitud activa frente a ella, estarás actuando en consecuencia y concientizando sobre el proceso que estás viviendo, algo muy diferente a dejar todo en manos de un médico al que no le interesa en lo más mínimo cómo te sientes.

Para mí, las enfermedades son procesos maestros, que me enseñan más sobre mí,  y son cambios direccionales en mi vida. Como una especie de señales viales que me dicen qué dirección tomar, ya que iba en una incorrecta.
Teniendo en cuenta que el vehículo de tu alma es tu cuerpo, si éste enciende los indicadores en rojo, es porque hay que cambiar de dirección. Simplemente eso, por ello no hay que temer, sino seguir en la importantísima tarea de hacerse cargo de que estás en un vehículo y que hay que capitanearlo.

No dejes que capitaneen tu alma.
No dejes en manos de otros el timón de tu nave, porque ésta sólo fue diseñada para que la dirijas tú, y sólo tú puedes guiarle por los caminos del Ser.

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